El virus que caza bacterias
El bacteriófago T4 átomo a átomo, con estructuras reales: camina, se ancla, dispara y perfora.
Qué estás viendo
Un virus de verdad, el bacteriófago T4, montado átomo a átomo: 5,3 millones de átomos sacados de estructuras medidas en laboratorio. Llega con las patas recogidas, va dando pasos sobre la bacteria buscando sitio, y cuando tiene 3 o 4 patas bien agarradas la base se abre como una estrella. Entonces la cola se encoge como un muelle, de 92 a 42 nanómetros, clava un tubo en la pared de la bacteria y mete su ADN por él. Al final, la bacteria revienta y salen los virus nuevos.
De dónde salen los datos
Las piezas salen del Protein Data Bank: la cabeza es de 2022, la placa base de 2016 y la cola completa, en sus dos estados (estirada y contraída), se publicó en 2026. Con ayuda de Sammy las he juntado y lo he renderizado con mi propio motor en una RTX 3090. Para comprobar que no me lo estaba inventando, puse mi virus contraído al lado de una criotomografía del virus real congelado en pleno ataque (Hu et al., PNAS 2015), y coinciden con un 1 % de diferencia. Que el fago camina por la superficie antes de anclarse se ha observado directamente hace muy poco (Dreesens et al., Microbiology Spectrum 2026). Lo del final es el ciclo clásico de laboratorio: a 37 °C, unos 25 minutos y entre 150 y 200 virus nuevos.
Lo que no se ve
Cada postura es un dato medido, pero el movimiento entre una y otra es reconstrucción mía: nadie ha podido grabar a escala atómica cómo pasa de un estado al otro. Las fibras largas (las patas) no tienen estructura completa publicada, así que son trozos cristalográficos con los huecos completados por predicción, y se tratan como modelo. La velocidad de la contracción, millonésimas de segundo, sale de una simulación, no de una medida directa. Y la pregunta del final sigue abierta: no hay consenso sobre si un virus está vivo.
Fuentes
Pieza original de Óliver Nabani (@olivernabani), publicada por primera vez en Instagram el 30 de septiembre de 2026. No se permite volver a subirla sin permiso.
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